TEORÍAS DE LA ADMINISTRACIÓN
1. ENFOQUE CLÁSICO DE
LA ADMINISTRACIÓN
La génesis de la moderna teoría
administrativa se inicia con la revolución industrial y, comparada
con otras disciplinas, es muy
joven. Como cuerpo sistemático de conocimientos basado en
fundamentos teóricos es casi
exclusivamente producto del siglo XX, sin embargo en este lapso de
tiempo su desarrollo ha sido
espectacular y se han generado numerosas teorías.
Los orígenes del desarrollo de la
Administración como disciplina se asignan unánimemente a dos
hechos genéricos:
1. Por un lado el crecimiento
acelerado y desorganizado de las empresas que dificultó las labores
de los administradores y obligó a
un enfoque científico que sustituyera al empirismo existente. Del
aumento del tamaño de las
empresas surgen las condiciones para poder plantearse la producción
a largo plazo y la necesidad de
una planificación no improvisada.
2. Por otro lado, la necesidad de
aumentar la eficiencia y la competencia de las organizaciones. Ha
aparecido la producción en masa,
las empresas están entrando en un ámbito de competitividad y
se hace necesario aprovechar al
máximo los recursos al mismo tiempo. Así surgen los primeros
intentos de división del trabajo
entre quienes piensan y quienes ejecutan.
Casi todos los estudiosos de la
evolución del pensamiento administrativo coinciden en que el
enfoque clásico de la
administración puede desdoblarse en dos orientaciones bastante diferentes y
hasta cierto punto contrapuestas
entre sí (Chiavenato, 1990), pero que se complementan con
relativa coherencia. Por un lado,
la escuela de la administración científica, desarrollada en los
Estados Unidos a partir de los
trabajos de Taylor y, por otro lado, la corriente de los anatomistas y
fisiólogos de la organización,
llamada teoría del proceso administrativo, que se desarrolló en
Francia a partir de los trabajos
de Fayol. No todos los autores consultados introducen dentro de los
enfoques clásicos la teoría
burocrática desarrollada por Weber, pero desde nuestra perspectiva, y
entendiendo que la concepción de
las organizaciones es, al igual que en los autores anteriores,
una concepción de sistema
cerrado, nos hemos visto obligados a introducir su estudio en este
apartado.
1.1. LA
ADMINISTRACIÓN CIENTÍFICA

El movimiento de la administración científica recibió su
impulso inicial con Frederick Taylor (1856-
1915) en la última parte del siglo XIX y primera parte del
siglo XX. Taylor nació en Filadelfia.
Procedía de una familia de cuáqueros de principios rígidos y
por lo tanto se educó dentro una
mentalidad de disciplina, devoción al trabajo y al ahorro.
Inició su vida profesional como obrero, en
1889, en la Midvale Steel Co. Posteriormente ascendió a
supervisor, jefe de taller y finalmente, en
1885, a ingeniero, después de graduarse en el Stevens
Institute.
La publicación de su libro Principios de Administración
Científica en 1911, donde plantea sus ideas
sobre la racionalización del trabajo y donde plantea además
que estos principios teóricos deben ir
acompañados de una estructuración de la empresa, es para
muchos autores el inicio del desarrollo
de una administración científica. Según Scott (1987), los
puntos de vista de Taylor estaban
influenciados por la
ética protestante que predominaba en su tiempo. Aceptaba el valor del trabajo
arduo, la racionalidad económica, el individualismo y la
idea de que cada hombre tenía que
desempeñar un rol social.
Taylor no desarrolló una extensa teoría general de
Administración puesto que tenía una orientación
pragmática que se preocupaba principalmente de los aspectos
empíricos y se encaminaba
principalmente al incremento de la eficiencia del
trabajador. Con sus principios de la dirección
científica, además de aspirar a racionalizar el
comportamiento de los trabajadores, también
aspiraba a reemplazar las actividades arbitrarias y
caprichosas de los directivos por procedimientos
analíticos y científicos (Taylor, 1947). En sus primeros
escritos hacia referencia a sus ideas como
«tarea administrativa». No fue hasta 1910 cuando Louis
Brandeis acuñó el término «administración
científica» en un informe ante la Comisión Interestatal de
Comercio.
Taylor definió cuatro principios de administración, que
darían como resultado de su seguimiento
una mayor prosperidad, tanto para los directores que
conseguirían mayores beneficios, como para
los trabajadores que lograrían una mejor retribución por su
trabajo. Chiavenato (1990) afirma que
el objetivo final de Taylor era que los directivos asumieran
como guía en el desarrollo de sus
funciones los cuatro principios siguientes:
1. Principio de planificación: sustitución en el trabajo del
criterio individual del trabajador, la
improvisación y la actuación empírico-práctica por métodos
basados en procedimientos científicos.
Sustitución de la improvisación por la ciencia mediante la
planificación del método.
2. Principio de preparación: selección científica de los
trabajadores; hay que prepararlos y
formarlos para que produzcan más y mejor. En el pasado, el
propio trabajador escogía su trabajo y
la forma de ejecutarlo y se formaba a sí mismo dentro de los
límites de sus posibilidades.
3. Principio de control: hay que controlar el trabajo para
cerciorarse de que está siendo ejecutado
según las normas establecidas y según el plan previsto. Es
necesaria una estrecha colaboración
entre directivos y trabajadores para que la ejecución sea lo
más efectiva posible.
4. Principio de ejecución: asignación diferenciada de las
atribuciones y responsabilidades para
que la ejecución del trabajo sea más disciplinada. Los
trabajadores asumen la responsabilidad de
ejecutar las tareas y la dirección la correspondiente a su
diseño y planificación.
Taylor tuvo una gran influencia en las prácticas
administrativas de las siguientes décadas. Aun en
nuestros días, los principios administrativos taylorianos
forman parte del pensamiento
administrativo, principalmente en las fábricas y en las
operaciones industriales. Resulta un tanto
sorprendente, y Taylor fue el primer sorprendido, que las
críticas contra la administración científica
no tuvieran más detractores entre los mismos
administradores, que en definitiva eran los
perjudicados al tener que cambiar todos sus hábitos de
trabajo. Las resistencias más fuertes
provinieron de los trabajadores y sobre todo de los líderes
sindicales. Las principales críticas al
enfoque clásico de la Administración según Taylor se
centraron en cuatro puntos:
1. Su concepción ingenieril de la administración, centrada
en la tarea, que veía al trabajador como
un complemento de la máquina.
2. Su extremo racionalismo a la hora de concebir la Administración.
3. El enfoque de sistema cerrado donde se considera la
organización de forma aislada y sin
consideraciones al entorno.
4. La ausencia de trabajos experimentales que apoyaran las
hipótesis que planteaba su teoría.
1.2. TEORÍA DEL
PROCESO ADMINISTRATIVO

Como hemos visto en el epígrafe anterior, la administración
científica se interesaba por la
optimización del esfuerzo en el ámbito operativo o de
taller, por lo tanto era un mini enfoque
mecanicista. En contraste, la visión funcional del trabajo
del directivo surgió con los trabajos de
Henri Fayol, que durante la segunda mitad del siglo XX,
hacía énfasis principalmente en el
establecimiento de principios administrativos generales.
Subrayaba el desarrollo de macro
conceptos. March y Simon (1958) se referían a este cuerpo de
conocimientos como «teoría del
proceso administrativo».
Henry Fayol (1841-1925) nació en Constantinopla y murió en
París, viviendo las consecuencias de
la revolución industrial. Se gradúo en minas a los
diecinueve años e ingresó en una empresa
metalúrgica donde desarrolló toda su carrera. A los
veinticinco años fue nombrado gerente de las
minas y a los cuarenta y siete asumió la gerencia general de
la Compagnie Commantry
Fourchambault et Decazeville que entonces pasaba por una
mala situación. En 1918 entregó la
empresa a su sucesor en una situación de notable
estabilidad.
Fayol fue uno de los primeros en exponer la teoría general
de la administración. Se le conoce
como el padre de la teoría administrativa. Sus observaciones
se publicaron por primera vez en
1916 bajo el título de Administration Industrielle et
Générale y fueron ignoradas en los Estados
Unidos hasta que se tradujo al inglés trece años más tarde.
Fayol, director de empresa experimentado y práctico,
estableció catorce principios de
administración, considerándolos como verdades universales
que podían enseñarse en escuelas y
universidades. Se partió de la premisa de que el
conocimiento acerca de las prácticas
administrativas puede ser establecido como un cuerpo
coherente y uniforme y que pueden
transmitirse las generalizaciones de las prácticas correctas
y, por lo tanto, efectivas. Los catorce
principios postulados por Fayol son los siguientes:
1. División del trabajo: consiste en la especialización de
las tareas y de las personas, para así
aumentar la eficiencia.
2. Autoridad y responsabilidad: autoridad es el derecho de
dar órdenes y el poder de esperar
obediencia; la responsabilidad es una consecuencia natural
de la autoridad. Ambas deben estar
equilibradas entre sí.
3. Disciplina: depende de la obediencia, aplicación,
energía, comportamiento y respeto de los
acuerdos establecidos.
4. Unidad de mando: cada empleado debe recibir órdenes de
sólo un superior. Es el principio de la
autoridad única.
5. Unidad de dirección: una cabeza y un plan para cada grupo
de actividades que tengan un mismo
objetivo.
6. Subordinación de los intereses individuales a los
intereses generales: los intereses generales
deben sobreponerse a los intereses particulares.
7. Remuneración del personal: debe haber una justa y
garantizada satisfacción para los empleados
y para la organización en términos de retribución.
8. Centralización: se refiere a la concentración de la autoridad
en la alta jerarquía de la
organización.
9. Jerarquía o cadena escalar: es la línea de autoridad que
va del escalón más alto al más bajo. Es
el principio de mando.
10. Orden: un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar.
Es el orden material y humano.
11. Equidad: amabilidad y justicia para alcanzar la lealtad
del personal.
12. Estabilidad y duración (en un cargo) del personal: la
rotación tiene un impacto negativo sobre la
eficiencia de la organización. Cuanto más tiempo permanezca
en su cargo una persona, mejor.
13. Iniciativa: la capacidad de visualizar un plan y de
asegurar su éxito.
14. Espíritu de equipo: la armonía y unión entre las
personas constituyen grandes fuerzas para la
organización.
Según Díez de Castro (1999) los principios más importantes
desarrollados para guiar las
actividades de coordinación son:
– Principio escalar: enfatiza la forma organizativa
jerárquica en la que todos los participantes están
relacionados en una estructura piramidal simple de
relaciones de control.
– Principio de unidad de mando: especifica que ningún
miembro de la organización debería de
recibir órdenes de más de un superior.
– Principio de ámbito de control: enfatiza que ningún
superior debería tener más subordinados de
los que puede supervisar con eficacia.
– Principio de la excepción: recomienda que todas las
materias rutinarias sean realizadas por los
subordinados y que el superior esté libre para las
situaciones excepcionales para las que no son
aplicables las normas existentes.
Los postulados de la escuela del proceso administrativo han
sido objeto de numerosas y fuertes
críticas (Mintzberg, 1995), aunque casi nadie duda de la
aportación fundamental de Fayol en el
desarrollo del pensamiento administrativo. Pero, ¿qué más ha
habido? Después de Fayol se ha
discutido mucho sobre cómo llamar a las funciones. Por si
fuera poco, cuando se han puesto a
prueba los sagrados principios, tanto en la investigación
como en la práctica, éstos no siempre han
resultado válidos y universales. El enfoque de proceso tiene
mucho de estático y no integra
adecuadamente conceptos y técnicas cuantitativas,
conductuales y de sistemas. Para Scott (1987)
estas críticas se pueden resumir en los tres puntos
siguientes:
1. Los principios son meros tópicos o pronunciamientos de
sentido común.
2. Los principios se basan en premisas cuestionables.
3. Los principios se presentan como declaraciones
contradictorias.
1.3. LA TEORÍA
BUROCRÁTICA

El tercer pilar fundamental en el desarrollo de los
conceptos administrativos clásicos lo proporcionó
la teoría burocrática de Max Weber que a principios del
siglo XX escribió The Theory of Social and
Economic Organization, publicada en 1922 y traducida al
inglés en 1947. Aunque el punto de vista
de este pensador alemán tuvo un profundo efecto entre los
sociólogos y políticos, sólo desde hace
pocos años se han utilizado sus conceptos en los estudios de
administración (Chiavenato, 1990).
Weber fue uno de los fundadores de la sociología moderna y
contribuyó de una manera notable al
pensamiento económico, social y administrativo. Fue
contemporáneo del movimiento de la
administración científica y de las primeras fases del
pensamiento de la teoría del proceso
administrativo. Sin embargo no sólo estudió la administración
de una sola organización, sino que
se interesó por la estructura económica y política de la
sociedad. Sus ideas acerca de la
organización burocrática fueron únicamente una parte de su
teoría social total.
El término burocracia, tal como lo desarrollaron Weber y sus
colaboradores, no corresponde al
sentido que se le otorga comúnmente, cargado de formalismo e
ineficiencia, sino que se refiere a
una organización ideal caracterizada por la división del
trabajo, una jerarquía definida con claridad,
reglas y regulaciones detalladas y relaciones impersonales
todo ello basado en la autoridad legal.
Según Max Weber (1971) «en el caso de la autoridad legal, la
obediencia es resultado del orden
impersonal establecido legalmente. Éste se extiende a las
personas que ejercen su autoridad en
un cargo y únicamente en él, en virtud de que sus órdenes
tienen legalidad formal, pero sólo dentro
del área de autoridad específica del puesto». La burocracia
de Weber fue un intento de formulación
de un modelo ideal alrededor del cuál se pudieran diseñar
las organizaciones. Este modelo ha
servido como punto de referencia para muchos escritores,
principalmente sociólogos y políticos.
Weber, en sus estudios, hizo coincidir tres tipos de
organizaciones con tres tipos concretos de
autoridad y para cada tipo de autoridad hizo corresponder a
su vez una estructura administrativa
diferente (Chiavenato, 1990):
LA AUTORIDAD
TRADICIONAL
Está basada en el pasado, en la costumbre, en la legitimidad
de una autoridad que ha existido
siempre. Los subordinados obedecen conforme a una lealtad
personal hacia sus jefes o sobre la
base de su status tradicional. El poder tiende a no ser
cuestionado, es irracional, se transmite por
herencia y es extremadamente conservador.
LA AUTORIDAD
CARISMÁTICA
Se fundamenta en la existencia de determinadas
características personales excepcionales del
dirigente que crean las dependencias en relación con esa
valoración que del líder hacen los
subordinados.
LA AUTORIDAD RACIONAL-LEGAL
El aspecto racional viene determinado por estar orientado a
alcanzar determinados objetivos, y el
aspecto legal se deriva del hecho de que el dirigente
obtiene la autoridad en función de la posición
que ocupa. Los subordinados encuentran que las órdenes de
los superiores están justificadas
porque están de acuerdo con un conjunto de normas que
estiman legítimas.
La burocracia es, por tanto, la forma organizativa que
resulta de la aplicación de la autoridad
racionallegal y se considera como una organización que:
– Está consolidada por normas escritas.
– Está basada en una división sistemática del trabajo.
– Establece los cargos según el principio de jerarquía.
– Fija las normas y reglas técnicas para la realización de
cada cargo.
– Selecciona a las personas sobre la base del mérito y no de
las preferencias personales.
– Se basa en la separación entre la propiedad y la
administración.
– Tiende a exigir que sus recursos estén libres de cualquier
control externo.
– Se caracteriza por la profesionalización de sus
participantes (Chiavenato, 1990; Scott, 1987).
La burocracia concuerda con el marco general de la
estructura organizacional establecida por los
teóricos del proceso administrativo. Weber, con su modelo burocrático
proporcionó el marco teórico
y punto de partida para gran parte de la teoría e
investigación actual sobre organizaciones
complejas.
1.4. PRINCIPALES
HIPÓTESIS DE LA TEORÍA CLÁSICA
Hasta aquí hemos visto alguna de las contribuciones más
significativas de la teoría tradicional,
representada por la administración científica, la teoría del
proceso administrativo y el modelo
burocrático. Aunque estas contribuciones tienen una gran
variedad de fuentes existen ciertos lazos
y coincidencias entre ellas (Chiavenato, 1990):
– La organización fue vista como un sistema mecanicista.
– Lo más importante es aumentar la eficiencia.
– Enorme confianza en las reglas.
– La jerarquía formal es el mecanismo para lograr la
integración
– Especialización y competencia técnica como base.
– Autoridad centralizada y líneas claras de autoridad.
– Separación entre línea y staff.
Una de las críticas principales a la teoría clásica es que
ésta parte del concepto de sistema cerrado
para estudiar las organizaciones, lo cual es, a todas luces,
irreal. Los distintos modelos clásicos no
consideraron las influencias del entorno en las
organizaciones, así como muchos aspectos internos
de importancia. Otra crítica importante se refiere a que
hicieron una suposición irreal con respecto
a la conducta humana, equiparando al trabajador con una
máquina. March y Simon (1958)
describen la teoría clásica como el «modelo mecánico».
Las aportaciones posteriores hechas por los científicos del
comportamiento serán decisivas para
modificar estos conceptos. Sin embargo se debe reconocer que
muchos principios clásicos son
utilizados hoy en día por muchas organizaciones, y por
tanto, igual que no se deben aceptar las
teorías clásicas sin crítica, así tampoco deben rechazarse
muchos de sus principios a ciegas.
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